Pensar en aquellos días de verano, de dura competencia por alcanzar los votos necesarios para vencer, campañas en que según yo, se vio más improvisación y capacidad de amoldarse rápidamente que en otras, incluyendo minorías sexuales, nuevos dispositivos digitales y redes sociales como Twitter y Facebook, me hizo recordar años de franjas electorales en la televisión y pancartas con propaganda dispersas por toda la ciudad y ubicadas, estratégicamente, en los cruces más transitados (dificultando la visión, por supuesto). Y no es que haya desaparecido la actividad propagandística tradicional, sino que resultó sorprendente ver a los políticos adaptándose a las diversas esferas de comunicación social.
Pero, al parecer, hasta ahí llegó la cosa. En este caso, estoy hablando de los presidenciables de esa época (Frei, Enríquez-Ominami y Piñera). De ellos, el único que sigue usando su cuenta Twitter con mucha regularidad resulta ser MEO (su último post de hace 2 minutos). Los otros dos, aunque tienen un equipo que estuvo funcionando en su momento, no se han aparecido en la tuitósfera desde enero (Frei) o marzo (Piñera). No es que los eche de menos, pero quedé con gusto a poco. Pensé que sería la oportunidad de compartir un espacio de mayor cercanía e inmediatez que nunca, entre políticos y ciudadanos, donde las ideas de unos y otros podían ser compartidas en tiempo real. Creo que se han perdido una oportunidad de oro y me alegro de que muchos otros sí la hayan aprovechado. Pero esperaba una iniciativa más contundente de parte los pesos pesados de la política. No sé uds. Quizás estamos mejor así.
Andrea Miranda – @andiboing
